Nippon America (español): Taeko Nomiya, Marcio Takeda and Luis Okamoto

© Taeko Nomiya ‘Tokiota’ (Awa Odori / Shimokitazawa) 2019 de la serie ‘東京 (Tokio)’

Esta exposición es distinta de las exposiciones tradicionales de fotografía en cuanto a que no se trata únicamente de mostrar imágenes bellas, es una especie de experimento social.

Luis Okamoto
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Introducción

En un mundo de creciente individualismo, la identidad se ha convertido en la quimera del ser. Nuestra consciencia de nosotros mismos es una síntesis siempre cambiante de experiencia y aspiración, lo que deseamos ser y lo que descubrimos que somos. Pero nuestra identidad es un espacio disputado en el que esa consciencia de nosotros mismos, que se revela gradualmente, se enfrenta a nuestro reflejo en los ojos de los demás. Somos entidades únicas, pero somos percibidos como miembros de un grupo, y, de hecho, de muchos grupos, tipos de existencias que confluyen, cada una de ellas con sus propios rasgos y motivos.

Mientras que la quimera de los mitos antiguos era una creatura híbrida – en parte león, en parte cabra y en parte serpiente – la ciencia contemporánea aplica el concepto de quimerismo a un solo organismo compuesto por células con más de un genotipo. Aunque el análisis genético nos demuestra que todos somos producto de múltiples orígenes, cada uno de nosotros siente que tiene una identidad que es tanto única como compartida, individual y la vez tribal. Pertenecer a un tipo o comunidad claramente definidos nos ayuda a anclar nuestra consciencia propia en el mundo que está afuera de nosotros. Buscamos ser reconocidos como algo claramente singular que a la vez es parte de algo más grande, con sus propias características, aunque sean reduccionistas. Esta es una necesidad psicológica que la publicidad explota, amplificando los remolinos de incertidumbre que yacen entre el rígido marco de pertenecer a un grupo y la incertidumbre de un auto conocimiento emergente. En ese estado mental, la noción del híbrido puede resultar perturbadora.

Este complejo espacio disputado de la identidad individual y la autóctona es el trasfondo de una exposición que se enfoca en las fotografías de tres artistas latinoamericanos de ascendencia japonesa. Se presentaron versiones de la exposición en Tokio y Barranquilla, Colombia. Una nueva versión, más amplia, abre en 2021 en el Museo Nacional de las Culturas de la Ciudad de México.

Curada por Alantl Molina, «Nippon America 日本アメリカ» presenta el trabajo de Taeko Nomiya (México), Marcio Takeda (Brasil) y Luis Okamoto (Perú). Las imágenes fueron tomadas durante una residencia de un mes en Japón. Siendo que cada artista fue siguiendo las pistas de su historia familiar, se buscaba que ofrecieran un acercamiento a Japón a través de una mirada que simultáneamente sería extranjera y heredada. El concepto era tanto un experimento social y psicológico como un ejercicio de creación artística. De los tres, sólo Taeko Nomiya había visitado Japón antes, cuando visitaba el país de vacaciones con su familia. ¿De qué manera se manifestaría la herencia cultural japonesa y la crianza latinoamericana de los tres en sus imágenes? ¿Se podría ver un punto de equilibrio entre las nociones de naturaleza y crianza? ¿O algo más complejo, menos tangible, evanescente…?

En esta, la primera de dos entrevistas, me reuní con los tres artistas antes del lanzamiento de la exposición en la Ciudad de México. Debido a la pandemia global, nos reunimos en el espacio virtual de un chatroom. El curador, Alantl Molina, no estuvo presente en esta ocasión, pero he hecho arreglos para entrevistarlo a principios de año, cuando la exposición ya habrá abierto al público y conoceremos la respuesta crítica inicial.

Alasdair Foster


© Marcio Takeda ‘Una pareja imperial’ 2019 de la serie ‘Vida cotidiana’

Entrevista

Alasdair: Hola a todos. Gracias por conectarse conmigo para que platiquemos de su exposición.  Me interesa saber… ¿ustedes ya se conocían antes de que Alantl Molina les propusiera hacer la exposición en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo?

Luis: De hecho, nos conocimos en Tokio. El proyecto involucraba que nos mandaran a los tres a Japón por un mes para tomar las fotos. Nos reclutó Alantl y estuvimos en contacto con él, pero, en los meses previos al viaje, sólo Taeko lo había conocido personalmente, porque ambos estaban en México. Marcio estaba en Brasil y yo estaba en Lima.

¿Me pueden explicar un poco el concepto de la exposición y por qué piensan que los eligió el curador para presentar su trabajo?

Taeko: La premisa es que afuera de Asia no se entiende a Japón -queda ‘perdido en la traducción’ – y lo descartamos como algo que simplemente es extraño y extravagante. Ese ‘negarse a comprender al otro’ es muy sintomático de nuestros tiempos, así que esta exposición busca mostrar que hacer el esfuerzo de entender puede dar buenos frutos… que nunca debemos renunciar a la posibilidad de establecer un vínculo. Se eligieron tres fotógrafos latinoamericanos de ascendencia japonesa para que sirviéramos como ‘puentes culturales’.

Marcio: Y el punto de partida de la selección fue demográfico. Brasil tiene la mayor comunidad nikkei del mundo, así que buscaron un fotógrafo brasileño y me encontraron a mí. La segunda comunidad más grande de América Latina está en Perú, y ahí estaba Luis. Luego encontraron a Taeko en México y era un complemente perfecto para la exposición.

© Taeko Nomiya ‘La llegada’ (Aeropuerto de Narita / Shikatetsu) 2019 de la serie 東京 (Tokio)’

Cada uno de ustedes aborda la fotografía de manera muy distinta. ¿Me podrían contar un poco de cómo evolucionó su estilo y qué los inspira? Podríamos comenzar con Taeko…

Taeko: Yo crecí tomando fotos porque en mi casa siempre hubo cámaras. La persona que estuviera más cerca de una cámara la agarraba y tomaba la foto. Así que nunca consideré la fotografía como una actividad en sí misma, sino más bien como parte de la vida cotidiana, como cocinar y comer, como peinarte el cabello. Algo que haces y ya. Mi gran revelación fue cuando mi papá me enseñó que se podían hacer dobles exposiciones. De repente todo tuvo sentido… porque antes de eso siempre pensé que a las imágenes les faltaba contexto, que quedaban cosas por decir.

¿Y tú, Marcio?

Marcio: Yo soy lo que llaman un fotógrafo de calle. Trabajo como fotoperiodista en un periódico en São Paulo y ahí sigo todas las reglas del fotoperiodismo, pero lo que de verdad me gusta hacer es salir a la calle a cazar milagros. Cuando salgo, nunca sé qué foto voy a tomar, salgo a ver qué me trae el día. ¡Y nunca me decepciona!

¿Y a ti Luis? ¿Qué es lo que guía tu trabajo?

Luis: Aunque no estoy ni remotamente cercano a poder decir que hago lo mismo que ellos, realmente admiro a los grandes de la fotografía, como Alfred Stieglitz y Ansel Adams. Para mí ellos representan de lo que se trata la fotografía. Pero me invitaron a participar en esta exposición porque el curador encontró una cuenta de Instagram que me abrió mi esposa. Al principio me negué a usarla porque me parecía un medio tan efímero, exactamente lo opuesto a lo que es la fotografía. Pero bueno, decidí que sólo iba a subir instantáneas a esa cuenta, por coherencia. En esas Polaroids nunca muestro personas, sólo detalles arquitectónicos. No me di cuenta que con eso estaba sellando mi suerte porque, cuando Alantl las vio, tomadas por un nikkei peruano, él pensó que funcionaban como el contraste perfecto para el estilo de Marcio.

© Marcio Takeda ‘Caeu’ 2019 de la serie ‘Los otros’

¿En qué manera ha afectado su herencia japonesa su sentido de identidad personal?

Marcio: Yo personalmente siempre me sentí brasileño. Mi papá fue el que emigró para acá, mi mamá es brasileña. Él nunca quiso que nos trataran diferente, así que nos crio a mí y a mis hermanos como brasileños. Yo nunca viajé a Japón hasta esta exposición y me quedé loco, porque yo sentía que yo no era suficientemente japonés, pero llegué y me encontré muchísimas cosas que inmediatamente tenían sentido. También descubrí que Japón no es tan homogéneo y monolítico como parece desde afuera. Yo traté de capturar eso en las fotos de la exposición.

Luis: Yo siempre tuve un gran respeto por el perfeccionismo japonés. Creo que ese ha sido uno de los principios rectores de mi vida. No fue hasta que visité Japón que me di cuenta que, más que la perfección, los japoneses aspiran a la armonía. Ese fue un gran cambio de paradigmas… y ha tenido un efecto profundo en mi vida.

© Taeko Nomiya ‘Camerawoman’ (Río Kanda, Akihabara / Shinjuku Gyoen) 2019 de la serie 東京 (Tokio)’

¿Y en qué forma creen que América Latina haya influido en su trabajo creativo?

Taeko: Creo que inevitablemente influye. En mi caso, mis dos padres son japoneses y yo crecí en una casa que era una burbuja tokiota en el DF, pero nací en México y mis padres me enviaron a escuelas mexicanas, así que a menudo bromeo diciendo que soy 100% japonesa y 100% mexicana. Tener una doble nacionalidad es así, eres dos cosas a la vez. Siempre estás pensando en cómo le vas a contar todo a la gente de cada uno de esos mundos. Creo que por eso me funcionan tan bien las dobles exposiciones, porque puedo mostrar lo que quiero mostrar y luego agregar contexto… o fusionar los dos mundos en los que vivo en una sola imagen, cuando la mayor parte del tiempo en realidad no se tocan.

© Taeko Nomiya ‘Blue Lights’ (Horizonte durante el vuelo / Hibiya koen) 2019 de la serie 東京 (Tokio)’

Taeko, tanto Japón como México, en formas distintas, son muy patriarcales. ¿Piensas que en América Latina es más fácil o más difícil trabajar siendo mujer?

Taeko: Yo nací siendo mujer, así que no sé cómo hubiera sido si fuera hombre, pero lo que sí sé es mi cara parece japonesa, así que la gente inmediatamente asume que no soy mexicana. En algún momento cuando era más chica me di cuenta que me estaban orillando a asumirme como un montón de cosas que no soy, porque estaba respondiendo a la idea que tiene la gente de lo que debe ser una mujer japonesa. Y después me di cuenta que la idea de no tener una “cara mexicana” era absurda, porque México es increíblemente diverso y no existe un tipo de rostro que sea innatamente mexicano. A la larga eso me ayudó a afianzar mi individualidad… pero fue muy confuso por un tiempo mientras crecía.

Marcio y Luis, ¿ustedes piensan que, como hombres, les es más fácil ser aceptados como artistas en América Latina?

Luis: Esta es una opinión impopular, pero yo no creo que sea una cuestión de género. Yo veo muchas fotógrafas exitosas que destacan por encima de muchos hombres y todo mundo las admira. Creo que es una cuestión de visión, de compromiso personal…

Marcio: Personalmente yo sí creo que las mujeres tienen que soportar muchas cosas que nosotros no. A mí nunca me ha invitado un editor a su casa para hablar de mis fotos, pero a muchas de mis amigas fotógrafas sí. Yo he estado en redacciones donde las mujeres proponen historias y las ignoran abiertamente, y luego un tipo repite sus ideas y le dan la historia. Pasa todo el tiempo.

Para mí, las imágenes de cada uno de ustedes son muy distintas a las del otro. ¿Qué creen que podemos aprender al ver su trabajo reunido en una exposición colectiva? ¿Hay algo acerca de lo japonés que conecte el trabajo de los tres?

Taeko: Cuando comenzó el proyecto, antes de que fuéramos a Japón a tomar las fotos, esa fue una de las cosas que se mencionaron que podrían surgir… Yo creo que no pasó, pero sí pasó otra cosa que, para mí, es más interesante. Cuando hicimos la exposición en Colombia, una crítica de arte dijo que ella sabía que las fotos de Marcio las había tomado un brasileño porque Japón parece Brasil en sus fotos. Así que creo que logramos mostrar Japón de una manera que le resulta nueva a la gente. Y para un lugar que ha sido tan fotografiado y sobreexpuesto como Japón, eso me hace muy feliz.

© Luis Okamoto ‘La espiral ascendente’ 2019 de la serie ‘Mosaico’

Una pregunta para cada uno de ustedes tres: ¿Cuál es la respuesta a una de sus fotos que más les ha sorprendido?

Luis: En Tokio hubo un grupo pequeño, pero muy fiel, de gente a la que le gustaron mucho mis fotos y que pensaban que debería haber más fotos mías en la exposición. Y cuando hablaba con algunos de ellos y les contaba del resto de mi trabajo, se decepcionaban ¡Consideraban que artísticamente era poco consistente que hiciera algo más aparte de las Polaroids arquitectónicas!

Marcio: Yo solía ir mucho a una favela de São Paulo por mi trabajo. A veces les llevaba impresas las fotos que les había tomado en otra visita como muestra de agradecimiento por dejarme tomarles fotos. Una vez llegué y un tipo que era parte de una pandilla pequeña me vio y me gritó: “Hey, tú, ¡ven para acá!”. Pensé que me había metido en un lío, pero resultó que el tipo se había tatuado en el pecho una foto que yo le había tomado y me la quería enseñar. ¡Yo no lo podía creer!

Taeko: Yo nunca había mostrado mis fotos en público antes de la exposición, solo a mis amigos o a mi familia. Poco después de que comenzó el proyecto empezaron a salir artículos y había gente que hacía posts en redes sociales sobre mis fotos. Luego me empezaron a mandar fotos de sus computadoras con mis fotos como fondo de pantalla, o como portada en Facebook. Luego algunos artistas digitales comenzaron a apropiar las imágenes y a usarlas en su propio trabajo. Yo amo que pase eso, y he hecho un par de historias de Instagram diciéndole a la gente que no me molesta y que si lo hacen, que por favor me manden fotos porque me encantaría verlo.

© Taeko Nomiya ‘Feliz año nuevo’ (Omotesando / Azabu) 2019 de la serie 東京 (Tokio)’

Aparte de la herencia que comparten, entiendo que los tres usan mucho las redes sociales para hacer crecer su público. ¿Tienen alguna estrategia especial que les gustaría compartir para promoverse en línea como artista?

Luis: Taeko es nuestra experta en redes sociales…

Marcio: Yo de hecho abrí mi cuenta de Instagram para la exposición porque más que nada publico mis fotos en el periódico con el que trabajo.

Taeko: Yo recomendaría hacer takeovers. A los míos yo los llamo ‘Taeko-vers’ (se ríe). Que los hagan en cuentas que sigue la gente que les interesa. Nunca pagar publicidad en línea. Jamás pagarle a un influencer para que hable de ti. Y tampoco caer en eso de pensar que las fotos se explican solas. Hay que contar la historia detrás de la foto. Contextualizar. Pero, en realidad, el mejor consejo que puedo dar es hacer los takeovers.

Una pregunta que surge a menudo en las charlas con alumnos y artistas es “¿Se puede ganar suficiente para vivir como artista-fotógrafo”? ¿Cuál es su experiencia?

© Marcio Takeda ‘Sueño de Tokio’ 2019 de la serie ‘Bicicletas’

Marcio: Yo soy fotoperiodista, así que tengo un salario y me publican, pero es una dinámica completamente distinta.

Taeko: Yo estudié diseño industrial y trabajé en eso por años antes de entrar profesionalmente a la fotografía. Y cuando empecé fue por la atención que me trajo la exposición -y poco tiempo después de que empezó todo me comenzó a representar una galería- así que creo que mi experiencia es un poco atípica. Pero yo diría que, en mi opinión, sí es posible ganarse la vida como artista-fotógrafa, pero son tres trabajos de tiempo completo: tienes que ser la fotógrafa, tienes que manejar las redes sociales y tienes que ser la representante. Es muchísimo trabajo. Vale la pena, pero definitivamente es mucho trabajo.

© Luis Okamoto ‘Entre los sinuosos pasillos de la memoria’ 2019 de la serie ‘Mosaico’

La relación entre un artista y un curador puede ser compleja. ¿Cómo está funcionando en esta exposición?

Luis: Esta exposición es distinta de las exposiciones tradicionales de fotografía en cuanto a que no se trata únicamente de mostrar imágenes bellas, es una especie de experimento social. Así que la selección fue una cuestión de elegir fotografías, pero la narrativa la dictó nuestra experiencia personal en el experimento, no estaba decidida de antemano.

Taeko: A mí me pasó algo que te puede interesar a ti como experto de la fotografía, Alasdair. Yo he tomado fotos toda la vida, pero cuando me pidieron que lo hiciera como “profesional”, me paralicé. Me vino un bloqueo y no sabía qué hacer. Luego cuando estábamos en Tokio Alantl me hizo ver que yo era la única de los tres que había viajado a Japón antes, y me dijo “¿Por qué no nos muestras el Tokio que recuerdas de tu niñez, cuando te traían tus papás de vacaciones?” y eso me dio un punto de partida para superar ese bloqueo.

© Taeko Nomiya ‘真夏 (Manatsu)’ (Guadalupe Tulcingo, Puebla / Shinjuku, Tokyo) 2019 from the series ‘サ和ロ (saWAro)’

Me interesa saber lo que piensa cada uno del trabajo de los otros, así que esta pregunta es para los tres: ¿qué palabra resume el trabajo de sus dos co-expositores? (Ustedes decidan quién responde primero…)

Marcio: Yo empiezo: Taeko es una “montaña”. El tipo de presencia que atestigua todo silenciosamente y que lo ve todo. Luis es “estrategia”. sus fotos me hacen pensar en esos juegos de mesa en los que no hay movimientos repentinos, pero que involucran mucho pensamiento.

Luis: Marcio es “empatía”. En sus fotos la gente parece vivir en un mundo más feliz… y él logra sacarle fotos a la gente que yo jamás me atrevería a pedirles. Taeko me recuerda el concepto japonés de “kami”, el espíritu de las cosas. Parece tener un talento especial para capturar la esencia de los lugares.

Taeko: Marcio es “fuego”, definitivamente. Y Luis es “musgo”. Atemporal y ubicuo.

¿Qué han aprendido de ustedes mismos en el proceso de hacer su obra?

Luis: Yo solía pensar que el tiempo y la práctica te convertían en un experto. Y que un día ibas a sentir que llegaste a un punto en el que dominaste tu oficio. Ya tengo 56 años y estoy bastante seguro de que eso no va a pasar nunca. Que la curiosidad y la necesidad de experimentar nunca se secan.

Marcio: Yo nunca pienso las cosas en términos de carrera. Yo hago lo que hago porque lo amo. Y hay quien dice que eso es ser poco ambicioso, pero, ¿sabes? esta experiencia con la exposición me demostró que si tú no dejas de hacer lo que amas, siempre te llegan cosas buenas. Aunque no las puedas predecir.

Taeko: El otro día recibí un mensaje de una chica que me dijo que me escribía porque ella también era japonesa-mexicana y que nunca se había visto reflejada en una imagen antes. Que nunca había visto una imagen que fuera simultáneamente mexicana y japonesa y que mis fotos la hacían sentir algo muy bonito. Siendo hija única, y alguien que siempre fue señalada por ser diferente, yo ya simplemente había asumido que soy un bicho raro. Ese mensaje me recordó que siempre va a haber otros que sienten lo mismo que tú. Que no estás sola en este mundo.

© Marcio Takeda ‘Objetos perdidos’ 2019 de la serie ‘Detalle’

Notas biográficas

TAEKO NOMIYA nació en la Ciudad de México en 1990, hija de una pareja japonesa que se mudó a México en la década de 1970. Es egresada del Centro de Investigaciones en Diseño Industrial de la UNAM. Aunque comenzó a tomar fotos a temprana edad, la exposición «Nippon America 日本アメリカ» fue la primera vez que su trabajo fue presentado públicamente. Desde entonces es representada por la galería MAIA Contemporary y es una integrante destacada de la nueva generación del arte contemporáneo mexicano. Instagram @nomiyataeko

MARCIO TAKEDA nació en São Paulo en 1994, hijo de un padre japonés y una madre brasileña. Egresado del Centro Universitário Belas Artes de São Paulo, trabaja como fotoperiodista para el periódico São Paulo HOJE. Marcio no había viajado a Japón antes del viaje que hicieron para tomar las fotos para la exposición. Fue parte de los ganadores en la categoría profesional del 12° Premio Old Holland de Fotoperiodismo y participó en la exposición itinerante «Fotografía tupiniquim». Instagram @takeda_marcio

LUIS OKAMOTO nació en Lima en 1964. Luis es notario público y tiene más de treinta años de experiencia como fotógrafo amateur. Nieto de un japonés que emigró a Perú en la primera mitad del siglo XX, Luis está convencido de que el Perú precolombino y Japón son “almas gemelas” y sus fotografías a menudo destacan esas similitudes. Las fotos que aportó a «Nippon America 日本アメリカ» son Polaroids que se enfocan en detalles arquitectónicos. Instagram @luisokamotope


Entrevista original de Talking Pictures.

«Nippon America 日本アメリカ» será inaugurada en 2021 en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, Moneda 13, Centro histórico, del. Cuauhtémoc, CP 06000, CDMX. La exposición estará abierta por cuatro meses.

[foto: © Marcio Takeda]


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